unas veces se gana, otras se aprende.
Click para ampliar

Abrimos el primer post del año con una foto de esas que te encuentras navegando por la red y van directas al archivo. En ella encontramos un bonito paisaje, una pista para hacer deporte y un mensaje escrito en la pared: “Unas veces se gana, otras se aprende”.

En el deporte y en un contexto general, las derrotas son bastante frecuentes, y en las que estamos o nos han acostumbrado (capullos) a sacar siempre el lado negativo cuando se trata precisamente de lo contrario. Para aprender a ganar, primero hay que aprender a perder. Los mejores deportistas aprenden a ser mejores cuando sufren sus “mayores” derrotas. Como esta frase está escrita sobre una cancha de tenis, te voy a poner el más claro ejemplo de ello: Rafael Nadal.

Muchos recordarán a ese joven enérgico capaz de conseguir 81 victorias consecutivas sobre tierra batida (la superficie más lenta en el tenis), hazaña que lo proclamó como el “rey de esta superficie”, y que poco tiene que ver con la versión que luce actualmente. También eran muchos los que decían que por su estilo de juego defensivo, solo sería capaz de ganar trofeos sobre polvo de ladrillo. A día de hoy, cuenta por partida doble los trofeos en el torneo con más historia del deporte rey de raqueta, Wimbledon, disputado sobre el rápido césped de Londres.

Para conseguir el primero de ellos, Nadal tuvo que aprender de dos durísimas derrotas antes de coronarse como campeón en la capital británica. En 2006, sufrió la primera de ellas. Alcanzó la final ante quizás el jugador más completo que haya conocido este deporte, Roger Federer. Su elegante técnica y estilo de juego le convirtieron en dominador absoluto de la especialidad. Le consiguió arañar un set, aprendiendo lo que debía mejorar si quería tener nuevas oportunidades ante el genio suizo.

Al año siguiente, misma situación. Alcanzó la final y estuvo cerca de conseguir el triunfo. Consiguió anotárse dos sets, siendo insuficiente para el triunfo. Fue a la tercera, cuando culminó la hazaña que hoy les cuento. En 2008, ese jugador defensivo que solo podría ganar títulos sobre tierra, levantaba el trofeo desbancando al dominador y dueño absoluto de Londres, en uno de los partidos más emocionantes que se recuerdan en este deporte. En 2009, volvía a tumbar a Federer sobre el cemento rápido de Australia, en 2010 ganó su segundo Wimbledon y terminó el año con el triunfo en el US Open, completando el Grand Slam (ganar los 4 torneos más importantes). Sin duda, Nadal primero aprendió a perder para poder ganar.

Tenemos más historias como por ejemplo la de su regreso en 2013 tras la lesión, pero esta la dejaremos para otra ocasión. Por el contexto de la foto me centré en Nadal, pero tenemos más ejemplos, como el mismo Federer, que tuvo que aprender de sus derrotas a contrarrestar el juego de su rival para volver a superarle. Reconquistó el número 1 del mundo que le había arrebatado el balear. Otro más sería Michael Jordan, el cual sufrió crueles derrotas ante los Pistons, aprendió a liderar y motivar a su equipo antes de conseguir su primer anillo. Ganó otros 5 más. Como el mismo dijo: “He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. 26 veces han confiado en mi para tomar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito.”

Si estas acostumbrado a ganar, deberías saber que tus rivales estarán aprendiendo de sus derrotas para poder superarte. Para aprender a ganar, hay que aprender a perder antes. Los grandes deportistas, aprenden a ser líderes, cuando sufren duras derrotas, a los mediocres estas les empequeñecen.

Corto esta parrafada con una gran escena de la película Invictus y te invito a jugar. Da igual quien gane o “pierda”, ¿te animas?

Te escribió, @adri17vice

Unas veces se gana, otras se aprende
Rate this post